Al leer las lecturas críticas, pensé que yo iba a comentar el problema de la definición del término y la categoría del “testimonio”. No obstante, Kate me dejó sin nada nuevo que decir sobre el tema. Yo estoy de acuerdo con ella en que tal vez la opción que nos da mayor libertad interpretativa a nosotros en la literatura es la propuesta de Sklodowska aunque Beverly, de alguna manera, también reconoce el testimonio como un género híbrido y cada acto lingüístico como una construcción (69). En todo caso, Sklodowska es más explícita en su flexibilidad con respecto al género testimonial. Lo que yo me pregunto es ¿por qué tendríamos que ser nosotros, los críticos de la tradición literaria occidental, los que estamos definiendo este género y, como consecuencia, definiendo también el testimonio de Menchú? ¿No habrá otras teorías o definiciones que mejor correspondan al contexto sociocultural de Menchú?
Estas son preguntas particularmente difíciles de contestar para mí puesto que yo pretendo ser crítica literaria de una tradición literaria que no proviene de mi situación sociopolítica o cultural. Beverly comenta: “Although we can enter into relations of understanding and solidarity with this project, it is not ours in any immediate sense and may in fact imply structurally a contradiction with our own position of relative privilege and authority in the global system” (82). Me parece que, sin dejar de ser críticos y analíticos, tendríamos que buscar una crítica o teorías que sean comprensivas del origen y de las circunstancias de los sujetos y textos que proponemos estudiar (o sea, analizarlos según sus propios criterios y no criticarlos por no suscribirse a los nuestros). Esto sería una manera en que podríamos tal vez evitar convertir a Menchú en otro objeto de los estudios literarios occidentales y respetar su agencia como sujeto[1].
Esto es lo que Sklodowska trata de hacer cuando habla de la memoria maya y el concepto del testimonio en esa tradición: “it becomes clear that storytelling, remembering, and denouncing are primarily a collective enterprise, and that any foregrounding of Rigoberta’s agency is done on behalf of her community” (258). Para Sklodowska, el comienzo del testimonio de Menchú “underscores the collective dimension of the account” (261): “Quisiera dar este testimonio vivo que no he aprendido en un libro y que tampoco he aprendido sola ya que todo esto lo he aprendido con mi pueblo y es algo que yo quisiera enfocar” (Menchú/Burgos 21). Sklodowska destaca esta revelación de Rigoberta Menchú para defenderla de cierta manera de la crítica de Stoll que la juzga mentirosa por apropiarse supuestamente de los testimonios y voces de otros. El pregunta: “who decided that Rigoberta was especially worth listening to? Who decided that other Mayas were sellouts?” (231) Si la pregunta es ¿quién escogió a Rigoberta Menchú? Pues, al parecer, una o varias de sus compañeras en la antropología occidental. La crítica ha indicado que para Stoll el problema es uno de autoridad. Beverly dice: “the argument between Menchú y Stoll is not so much about what really happened as about who has the authority to narrate” (74).
Me parece que la definición del testimonio también resulta ser una cuestión de autoridad. ¿Quién, al final, tiene la autoridad para definir un término, un género, una categoría? Y si nosotros en la academia norteamericana lo definimos de cierta manera, y un autor o un texto no coincide en esa definición, ¿tiene validez el texto como creación literaria? Para seguir con la problemática de la categoría del testimonio, Kate cita a Sklodowska cuando dice que “la construcción del testimonio implica ‘the inevitable embroidering of the facts for dramatic, politcal, or aesthetic effect’” (4). Burgos nos confirma que para ella: “The project was intended to serve a political campaign, not anthropology or literature” (xi). Esto me parece importante por una razón sencilla. Como nos dice Beverly: “worry less about how we appropriate Menchú, and [understand] and appreciate more how she appropriates us for her purposes” (in Ferman 158). Nos tenemos que preguntar, no si es verídico o no, sino: ¿qué es lo que hace o intenta hacer el texto? Si le damos credibilidad a Burgos en este asunto, diríamos que el testimonio tiene el propósito específico de fomentar solidaridad entre los diferentes grupos étnicos mayas (en el contexto nacional de Guatemala) y de inspirar apoyo para la lucha maya en la arena internacional.
Se le ha criticado a Stoll también por no reconocer sus propias motivaciones políticas. Ferman dice: “Stoll’s book exhibits obvious methodological problems…and it is extremely clear and direct in terms of its political agenda” (158). Ha habido varias propuestas con respecto a esa agenda: el denuncio del uso de la violencia en el movimiento de resistencia maya, el reclamo de la autoridad para decidir quién es el mejor testigo, etc. Ya se ve que el testimonio de Menchú tiene su propósito y el libro de Stoll tiene el suyo. Ahora surge la pregunta: ¿Cuáles son nuestros propósitos como críticos literarios? ¿Al criticar a Rigoberta Menchú? ¿Al incluirla en el canon? ¿Y cuáles son las consecuencias o ramificaciones de esas decisiones? Según Burgos, el testimonio de Rigoberta Menchú fue concebido como un proyecto político y no literario. Siendo así, ¿qué motivos tenemos para incluir su texto dentro del canon literario? Es algo que hacemos con frecuencia en el campo de la literatura y no discuto la posibilidad de hacerlo, pero ¿qué logramos por analizarlo como texto literario? No he contestado a todas las preguntas, pero en todo caso me parecen legítimas e importantes para entender el contexto de la polémica que rodea el testimonio de Rigoberta Menchú—un texto que, como mínimo, tiene gran valor por abrir un espacio para comentar la situación de los maya en Guatemala. [1] Entiendo que la cuestión de la agencia de Menchú es problemática por la intervención ya mencionada de Burgos en la creación del texto. Sin embargo, es importante recordar que en ese momento estaban unidas en la realización de un proyecto, aunque sus intenciones y propósitos hayan diferido en sus particularidades. Su colaboración me parece importante, porque al final, como veremos más adelante, la pregunta principal es ¿qué propone hacer el texto? Y si descartamos el texto por ser influido por Burgos, también descartamos la posibilidad de que Menchú sea un sujeto con agencia propia, ya sea como individuo o como parte de una comunidad.
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