Este rechazo, ante todo emocional, provoca en el narrador una visión maniquea de los conflictos que lo conduce a pensar y describir una realidad en la que prácticamente todo lo “gringo” es perjudicial para los nativos. Sin embargo, en los propios comportamientos de los internos se ve una realidad mucho más compleja de la que plantea el narrador en algunos de sus comentarios. Así, por ejemplo, se menciona que “[d]e hecho no sólo nuestra libertad y nuestro trabajo es de ellos, sino también nuestra dignidad, la virtud de nuestras mujeres. Nuestro honor.” (Beleño 79). Si bien es cierto que hay situaciones descritas que obligan a pensar en un escenario completamente adverso, las relaciones entre los presos, que no son estadounidenses, las acusaciones entre ellos, los problemas raciales también se manifiestan en el microcosmos de las celdas.
El peculiar espacio en que se convierten Gamboa y la Zona del Canal se define por una total independencia del resto de territorio panameño. La intromisión estadounidense se acompaña de una jurisdicción distinta, apartada de la panameña. Otros códigos, otras normas, otra moral rigen en la Zona. Esta situación produce malestar, resentimiento y el deseo de revertir las cosas. Annabelle, la novia epistolar de Atá, no sólo es una ciudadana estadounidense protegida por el vecindario, sino también es la portadora de todo un andamiaje jurídico que propugna castigos ejemplarizantes para quienes no pertenecen a ese espacio. Esto lleva al narrador a crear imágenes de su vida o de la vida carcelaria relacionadas con los animales. Así, cuando aparece un pericote, una especie de animal perezoso por la carretera, inmediatamente lo asimila con su propio estado y la situación del país. De la misma manera, el narrador se define como “un pollo alimentado y engordado para el amo” (Beleño 149-150), para hablar de la explotación de los presos en la penitenciaría. En estas relaciones entre las vidas de los presidiarios y los animales late un guiño a lo salvaje, a una sociedad que es necesario domesticar y cuyas vidas deben servir al progreso; un progreso entendido a la manera estadounidense: orden y pulcritud, aunque dentro de la cárcel existe una corrupción soterrada y una sociedad dividida en castas raciales donde la discriminación reproduce el orden social externo. “The ‘Negro’ is the savage”, escribe Fanon, y esta frase se puede relacionar con las imágenes comentadas y exhibidas por el narrador donde el presidiario tiene algo de animal, salvaje, pero también de alguien que debe ser domesticado.
Los trabajos en la Zona del Canal traen mano de obra extranjera y problemas raciales que se manifiestan en la sociedad carcelaria. Atá, el personaje principal de la novela, exhibe una masculinidad permeada por el deseo. No sólo se conocen sus pretensiones con Annabelle y Perla, sino que manifiesta el deseo de ser blanco, de pasar por blanco y pertenecer a otra sociedad. Atá es un chombo, “término peyorativo para designar al negro antillano” (Pulido Ritter). A pesar de hablar en inglés, su acento molesta a los “gringos zoneístas”, por lo tanto la pertenencia a determinado grupo no se daría por el uso de la lengua sino por el deseo. “Por eso yo quiero ser alguien. Quiero ser gringo. Soy gringo” (Beleño 152). Atá quiere ser gringo pero lo que lo delata como un personaje ajeno a esa sociedad es su pelo, que trata de alisar para disimular su negritud: “Los cabellos, más que los labios, eran el motivo de su desgracia” (Beleño 58). Hay un estigma que se muestra en el cuerpo, que lo descubre ante los otros, que no permite una salida de esa cárcel racial en la que se encuentra. Por eso recurre a Annabelle, especie de Dulcinea, personaje que pertenece más al deseo, amante que no se sabe si proviene de la imaginación de Atá, del narrador o de la realidad. Ella es la posibilidad de salida del confinamiento, de inserción en un mundo donde lo racial no aparece como problema, el puente con el exterior. Annabelle es lo superior, un avance cualitativo, una mejora social que va a borrar todas las marcas de lo negro que perviven en Atá. Lo racial y la pertenencia a una patria surgen aquí como algo móvil, insustanciales, en la medida que no definen nada, que son una apropiación que se define más por el deseo de los personajes que por otro tipo de lazos que normalmente se asocian a estos dos conceptos. Hay aquí una cierta crítica a los procesos de identidad colectiva. El chombo debe aislarse para aspirar a pertenecer a un grupo, debe buscar las diferencias con los habitantes del territorio en que creció y anhelar salir de él para buscar una identidad. “Whiten the race, save the race”, afirma Fanon (30). Por esto, Atá comparte ciertas características de los personajes “neuróticos” descritos en el análisis de Fanon. Sin embargo, cuando las cartas de Annabelle desaparecen, los sueños de libertad y cambio se esfuman. No hay salida “real” de la doble cárcel que debe soportar Atá: la racial y el presidio donde debe cumplir su condena por haber forzado a Annabelle. Hay salida, sí, en las imágenes, en el sueño de Atá que asimila chombo con cielo y que le permiten soñar o alucinar otro futuro. Lamentablemente Atá no podrá cruzar el camino como sí lo pudo hacer el perezoso al que hice referencia al inicio de este comentario, no podrá cruzar el cerco social que se le impone.
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